La Antártida argentina: es el mundo polar que se comparte, entre otros países, Argentina y Chile. Para ir al encuentro de ballenas francas y de pingüinos emperadores. Una gran cantidad de cruceros pueden tomarse partiendo desde Ushuaia en Argentina, incluso tomar un vuelo para los más afortunados, directamente para ir a la Antártida.

Pingüinos emperador Antártida argentina

Para aquellos que tengan ganas (y sobre todo las posibilidades) de extender la aventura aun más al extremo del fin del mundo, partiendo desde Argentina hacia la Antártida argentina. Continente situado en mayor parte en el sur del círculo polar antártico y completamente rodeado del océano Austral. Es el continente más frio, seco y elevado (en promedio) y el mas ventoso. Está recubierto en un 99% de un manto de hielo permanente. Las condiciones meteorológicas son rigurosas y variables.

La Antártida argentina

El continente antártico es a la vez un espacio virgen, testigo de equilibrios naturales aun poco afectado por las actividades humanas, una fuente de memoria del clima mundial en sus nieves y hielos, un punto de observación irremplazable para algunos fenómenos atmosféricos o climáticos y un entorno extremo en el cual la vida ha podido adaptarse a pesar de todo.

El Tratado de la Antártida de 1959 y sus acuerdos anexos regulan todas las actividades llevadas a cabo en la Antártida. Conforme a este tratado, todos los países que han presentado una reivindicación jurídica para algunas partes de la Antártida, aceptaron renunciar a sus pretensiones y por consecuente, ninguna parte del continente está sometida a la soberanía de un Estado (aun si Argentina y Chile, entre otros, reconocen cada uno una parte del territorio).

La Antártida es sin duda el último gran espacio natural salvaje del planeta. Sus icebergs gigantescos, sus cadenas montañosas y la soledad de su planicie polar van más allá de la imaginación, mientras que su clima estremece a los más empedernidos. Es la tierra de los extremos – bella, serena, salvaje y violenta -. Su tamaño nos supera, ya sea que la admiremos por tierra o a bordo de un avión.

La década pasada ha probado que el motor económico de la Antártida no es más la explotación minera o el petróleo, sino el turismo. El continente será quizás un lugar de cooperación internacional, libre y preservado.

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