La Península Valdés es otro de los grandes clásicos de la Patagonia pero debo reconocer que no me canso nunca de volver. Aquí todo es a la imagen de la Patagonia: desmesura, inmensidad, naturaleza virgen.
Provista de una fauna muy abundante, es un verdadero paraíso animal. La fauna marina es por supuesto la que está mejor representada, cuenta entre otros con: delfines, leones de mar, lobos de mar, elefantes marinos, pingüinos de Magallanes, ballenas australes, orcas.

El clima es frío y árido, la península está cubierta de una escasa vegetación. Por otro lado posee una fauna más bien pobre característica de las mesetas patagónicas: maras, algunos guanacos, zorros grises, zorrinos y varias especies de aves.
La península posee una ubicación climática particular: está protegida de las lluvias gracias a la cordillera de los Andes, y se beneficia de un medio ambiente marino de manera tan importante que su forma ha aumentado mucho más la longitud de sus costas.
A primera vista cuando uno llega a la península el ambiente parece estéril y yermo, pero sobre las costas atrae a una cantidad inhabitual de especies animales. El resultado, es una colección de ecosistemas listos para maravillar tanto a los turistas, así como también a los científicos.
Asimismo, y hago hincapié en este punto, los animales aquí son bien visibles y su cantidad es impresionante. Al estar esta zona protegida, los animales se sienten en total seguridad.
La gran « estrella » de la Península es por supuesto la ballena franca Austral. Observarlas es una experiencia única ya que podríamos casi tocarlas.
Cada año en invierno, estas ballenas pueden ser observadas durante la época de reproducción y de parición. La observación de las ballenas se ha transformado en una de las actividades turísticas más importantes del país. Es fácil observar, ya sea desde la playa o desde un barco, el desfile nupcial de los machos con el fin de obtener los favores de la hembra cortejada.
El otro gran atractivo de la Península Valdés, pero mucho más duro de observar, es el fenómeno casi único en el mundo, los ataques de las orcas, que arriesgando su vida, atacan a las crías de los otarios que hacen sus primeros pasos en el agua.
En 1999 la UNESCO declaró a la Península Valdés como patrimonio natural de la humanidad.
