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Chiloé: l’île des Mapuches Chiloé: l’île des Mapuches Chiloé: l’île des Mapuches

Chiloé: La isla de los Mapuches

Fiordos calmos, iglesias y casas sobre barrotes, aguas tumultuosas de la costa oceánica: la isla de Chiloé, al norte de la patagonia chilena, hace recordar los paisajes escandinavos. Pero de sólidas tradiciones andinas forman un lugar único.

Treinta minutos de navegación son suficientes para atravesar el canal de Chacao, este brazo el brazo de mar que separa Pargua, en el continente chileno, de Chacao, en la isla de Chiloé. Se respira un aire salado, traído por una brisa tibia y suave, insólita en este mar tumultuoso. Se sigue el vuelo de pájaros y la aparición repentina de focas, que parecieran saludarnos cuando emergen sus cabezas. Esta atmósfera tan particular forma parte de a gracia de esta isla mágica, con esa particularidad, esa ‘cosa’ indefinible que transforma ciertos lugares en únicos. Este país de memorias, de leyendas, tiene una identidad fuerte.

Quizás esta particularidad tiene que ver con los elementos naturales, sus lluvias frecuentes y caprichosas, a sus costas, a su aislamiento o a la cantidad de leyendas del legado mapuche. Estos indios que, por su historia, tienen la reputación de haber sido muy combativos. Ellos han logrado hacerle frente a los conquistadores y no se han rendido jamás. La resistencia mapuche perdura, y actualmente, alrededor de 400 militantes mapuches han sido encarcelados o inculpados por su movilización en proteger las tierras ancestrales contra las grandes compañías forestales y a los proyectos de barreras hidroeléctricas.

Una sola ruta asfaltada atraviesa la isla, ella atraviesa un paisaje ondulado, con sus pequeñas granjas rodeadas de colinas y jardines coloridos. Aprovechando la suavidad particular del clima estival, las rosas y las hortensias son de floración excepcional. Este ambiente idílico contrasta con el de cielo cubierto y soledad que ofrece la costa Oeste, en el océano Pacifico. Ali, las aguas turbulentas rodean los islotes inaccesibles donde viven s pingüinos y leones de mar.

Les indiens yamana
Las iglesias tradicionales en madera, revestidas de chapas onduladas (se cuentan no menos de ciento cincuenta de estas pequeñas obras maestras de madera en el archipiélago) testimonio de la presencia jesuita durante casi dos siglos, La ciudad de Castro esta orgullosa de su iglesia, que esta clasificada, en compañía de otras treinta, en el patrimonio mundial de a humanidad. Revestida de rosa y violeta, como una torta con pasta de almendras, ella se alza en el corazón de una ciudad animada, donde las casas tradicionales, también en madera y chapa, están todas pintadas de colores vivos alegres.

La tercer ciudad de Chile por su antigüedad es también la capital histórica de Chiloé. Sus barrios de casas en madera sobre pilotes (palofitos) habitando la desembocadura del rió Gamboa y los fiordos son espectaculares: estos verdaderos pequeños pueblitos salidos intactos del país de las maravillas, huelen bien a mar. Cuando la marea es alta, el espectáculo cambia: los barcos abandonados danzan cerca de las casa sobre pilotes que se reflejan en el agua.

Siguiendo la costa hacia el norte, la luz intensa hace vibrar los colores de barcos de pesca y de las casitas sobre pilotes, u otras habitaciones con muros de barrotes con forma de caracol. Al fondo de un fiordo, el pueblo de Dalcahue baña en silencio solo algunos pajaros marinos y el trasbordador que lleva hacia la isla de Quinchao, en el mar interior. El domingo, día de mercado, Dalcahue se despierta con la animación que traza el paso a paso lento de otros tiempos: los habitantes de estas pequeñas islas aledañas vienen a vender sus productos y telas que fueron confeccionados con las mejores lanas.

Apenas nos alejamos de la costa y tomamos un camino de tierra, los paisajes se vuelven muy silvestres. Uno se pierde entre los caminos en el bosque donde los bambúes se tocan con las hojas enormes de nalcas. La ruta que va de Castro a Cucao, en la osta Oeste, pasando por Chonchi, bordea los lagos de Huilio y Cucao, y nos lleva al parque nacional de chiloé, uno de los sitios mas interesantes de la isla.

Los lagos cortan chiloé como en dos lágrimas de agua provocando un corte entre tanto bosque espeso. Una es oscura como el cobalto, la otra clara como el cristal. Llegamos al parque y atravesamos una reserva forestal que conserva intacto flora y fauna. La costa pacifica esta rodeada por un océano en furia. En cada explosión de cólera, el mar y el cielo se funden. El viento violento barre la planicie arenosa constituida de caracoles blancos.

En otros tiempos, caballos montados por indios mapuches avanzaban lentamente y se perdian en el horizonte infinito...

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